Ubicado a 130 millas de la Ciudad de México, el estado de Querétaro es un pequeño paraíso. Es el lugar adecuado para los amantes del clima frío. Con una amplia variedad de paisajes, es sumamente rico en ecosistemas: matorrales en la zona central, bosques de coníferas y encino al norte y selvas secas en las partes bajas del centro. Querétaro es un lugar ideal para descansar, desconectarse de la vida ajetreada y disfrutar de la naturaleza. Los viajeros también pueden encontrar un sabroso recorrido de quesos y vinos por unas de las rutas mexicanas más emblemáticas.

 

Un tour por la ruta del arte, vino y queso

“Clases de vino sólo hay dos: el buen vino y el mejor vino”, dice el refrán. Esta ruta está localizada a 15 minutos de la provincia de Tequisquiapan, Querétaro, es un recorrido en donde se hallan zonas de viñedos, excelente opción para conocer y unirse a la cata de vinos cien por ciento mexicanos.

Además de viñedos, Querétaro tiene campos de cultivo y pastos con una importante producción ganadera. Por ello, los viajeros solitarios, parejas, grupos de amigos o familias pueden degustar y descubrir la cultura que se esconde detrás de los quesos artesanales frescos y maduros de vaca, cabra y oveja.

La mejor época para visitar la región es durante la Feria Nacional del Queso y del Vino, que se lleva a cabo durante primavera, cada año en Tequisquiapan, un pueblo de calles empedradas y casas rústicas. Durante dos fines de semana se pueden conocer las diversas queserías y fabricantes de vinos de la región. Los visitantes aprenden sobre los distintos maridajes, probando con vinos blancos, rosados, tintos y burbujeantes espumosos. El evento se realiza la última semana de mayo y primera semana de junio, pero en 2020 fue cancelada debido a restricciones por la pandemia del Covid-19.

Pero el estado de Querétaro no ofrece solo su inigualable sabor en comer y beber queso y vino. También es considerado uno de los lugares que guardan relación estrecha con sus orígenes al arte y la cultura. Comenzando por la talla de cantera por los primeros pobladores y que fue aprovechada por los colonizadores para la creación de edificios, fuentes, iglesias, monumentos, casonas particulares y el acueducto. En 1996, la UNESCO reconoció la arquitectura barroca de Querétaro, basada en piedra de cantera, como patrimonio mundial.

La bella arquitectura colonial española de Querétaro hace que la visita valga la pena. En palabras del escritor mexicano Alberto Ruy Sánchez, Querétaro “se había convertido en una especie de laboratorio de arte, donde cada iglesia, cada convento, cada mansión, cada fuerte, cada barandilla, era un desafío estilístico para sus creadores, que se encontraban inmersos en la lógica de una exuberancia estética que dominaba los edificios de la ciudad”.

(Traducido y editado por Gabriela Olmos. Adaptado al español por Rafael Prieto)



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